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Varizat: La venganza del kirchnerismo

Jueves, 17 de agosto de 2017 Dejar un comentario Ir a comentarios

Atropello VarizatLa camioneta comienza a desplazarse lentamente,  con alguna dificultad. Los manifestantes perciben las intenciones del conductor y se van abriendo paso hacia los costados a medida que la máquina avanza. Lo hacen a destiempo, desordenadamente, nerviosamente. Sus pies retroceden pero sin embargo Varizat está cada vez mas cerca. Casi encima de ellos.

Las luces de la Cherokee encandilan, el motor ensordece, y la mole no se detiene. Da saltos hacia adelante y hacia los costados. Parece un caballo desbocado impulsado por un diablo invisible y juguetón.

Enormes neumáticos traccionan huesos, carne, sangre. Devoran muñecos que van desapareciendo de la superficie en medio de gritos de espanto y voces que imploran. Deseos de detener el tiempo. Es más razonable que intentar frenar a un criminal lanzado en su acción devastadora.

A pocas cuadras de allí, el Polideportivo del Boxing vomita fuego de colores alegres por la vuelta de los Kirchner a su tierra. Y los borrachos de la matanza se pelean con los de la barra brava de Independiente, y los de Ituzaingó que vinieron en un Hércules con los de Rudy que a la vez lidian con los de Luz y Fuerza de Comodoro, y Cristina llamando a la paz y el amor “porque no se puede construir en base al odio y la violencia ….”, pontifica con su índice implacable apuntándoles a todos.

En ese mismo instante una tonelada de hierro y caucho pasa por encima de Susana Guillermaz.  Y el Polideportivo vomita fuego de colores. Y a Cristina Coronel la Cherokke trituradora del funcional asesino Varizat le destroza la pelvis. Y el polideportivo explota de euforia.

Cuerpos tirados. Otros cuerpos que se pliegan sobre ellos,  y una sensación de incredulidad y ficción sobrevuela el asfalto.

La 4×4 sale disparada hacia adelante como un pin ball y Varizat siente que hizo justicia. Que se liberó de las hordas que lo querían linchar como denunció mas tarde ante el oficial de policía que le tomó la denuncia.

Algo por el estilo testimoniaron sus compañeros de viaje Armando Traba, Pérez, y Roncich. ” La camioneta era muy alta y se confundían los cuerpos que estaban de pie con los que se hundían bajo las ruedas “, brutal. Noche de San Fermín bajo un cielo transparente y estrellado.

“Sintió algo” dijo la defensora Paula Ludueña y por eso frenó, y luego volvió a rodar.

Menos mal que Varizat frenó, al menos una vez el kirchnerismo apretó el freno. El kirchnerismo que nunca retrocede, nunca da un paso atrás. Siempre hacia adelante, llevándose todo puesto.

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